sábado, 23 de abril de 2016

Breves reflexiones en torno al fomento de la lectura desde la biblioteca escolar

Hoy, 23 de abril, Día Internacional del Libro, me permito escribir unas breves reflexiones sobre el valor que el fomento de la lectura tiene en los centros y el papel que la biblioteca escolar desempeña para generar aprecio por la lectura. Ahí van.

Los centros han de definir con claridad y coherencia la política de lectura de la institución y requerir de la biblioteca escolar los apoyos necesarios (selección y provisión de textos y otros recursos, organización y articulación de actividades generales, asesoramiento bibliográfico, orientaciones metodológicas...).

La escuela, la biblioteca escolar, ha de convertirse en la generadora de oportunidades y experiencias lectoras gratas al sentir de los alumnos, en la causante de que a la lectura se le otorgue cada vez más valor social.

La biblioteca escolar ha de promover para todo el centro actividades de fomento de la lectura y puede asumir el papel de coordinación y articulación de dichas actividades vinculándolas a las programaciones docentes y al proyecto educativo.

La biblioteca puede coordinar la configuración del itinerario de lectura del centro y, dentro de él, incorporar el canon escolar de lecturas literarias y no literarias contempladas en el plan de lectura. 

Las actividades promocionadas por la biblioteca han de colocar al lector en el centro del proceso de lectura. Lo que nos ha de importar realmente en la escuela en referencia al fomento de la lectura es cómo se leen los libros más que los propios libros.

La antropóloga Michèle Petit en su libro El arte de la lectura en tiempos de crisis aboga por una biblioteca en la escuela que sea “sobre todo un espacio cultural que no está solo al servicio exclusivo de la pedagogía”. Me permito añadir la conveniencia de que la biblioteca escolar se torne en el epicentro de las intervenciones de fomento de la lectura en la escuela y el instituto, en el recurso mediador y puente entre lo formal y lo informal de las prácticas lectoras, en el espacio de encuentro que ayude al alumnado a conciliar formas y modos de entender el hecho lector, de conciliar los aprendizajes con la cultura escrita y de hacerse y construirse como ciudadano. 

Desde la biblioteca se ha de acometer un giro importante en cuanto a su función de mediación en el ámbito del fomento de la lectura, avanzando desde la acción de promoción de libros y textos escritos (sobre todo de literatura) a la de promoción de textos especializados, científicos, informativos. Avanzar desde la promoción de la lectura por y para el placer, también, a la promoción de la lectura que forme lectores críticos, reflexivos y sensibles a su contexto vital. 

La biblioteca escolar ha de ofrecer un servicio de edición, a modo de editorial del centro educativo, encargado de realizar un proceso de publicación, distribución, presentación y difusión de las producciones del centro y de promover publicaciones literarias o informativas del alumnado.

Ilustración: Teresa R. Súnico
La biblioteca escolar ha de enfocar el fomento de la lectura literaria como una experiencia vital y con sentido para el alumnado. El pensador Tzvetan Todorov, en su obra La literatura en peligro parte de la premisa de que en la institución escolar la experiencia literaria debe centrarse en la búsqueda de sentido de los textos, pues la literatura conduce al conocimiento de sí y del mundo, coadyuvando a la realización personal.

La evaluación no puede convertirse, y menos en el ámbito de la promoción lectora en los centros educativos, en sancionadora del alumnado en su relación con los libros y la lectura. Aunque revierta dificultades, la evaluación es muy necesaria para que el fomento de la lectura adquiera en el centro “valor de cambio” y no sea relegado a una actuación de segundo orden en el marco del proyecto educativo.

La biblioteca escolar ha de laborar por conseguir a través de sus actividades sosegados tiempos de lectura. La lectura, una de las principales actividades de la escuela, pide lentitud, exige momentos pausados y flexibles que propicien la reflexión, el razonamiento, la conversación, la deliberación.

La biblioteca escolar es un recurso con capacidad para apoyar a las familias a través de la promoción de actividades de formación de padres y madres de alumnos en su papel de mediadores de la lectura. La apertura de la biblioteca del centro en horario extraescolar para uso de la comunidad educativa permite desarrollar programas específicos dirigidos a las familias: talleres, encuentro con autores, grupos de lectura...

Los responsables de bibliotecas escolares no han de obsesionarse con cifras de préstamos o con hacer que el alumnado lea más y más, sino procurar la práctica lectora para mejor leer. Gabriel Zaid nos recuerda que "la medida de la lectura no debe ser el número de libros leídos, sino el estado en que nos dejan".

Hay que repensar algunas de las actividades de fomento de la lectura implementadas en los centros y que se inician, desarrollan y terminan como una experiencia lúdica exclusivamente. El excelente escritor Luis Landero, en su obra Entre líneas. El cuento o la vida escribió: "Leer es un acto lúdico, dijo alguien, y esa majadería se acató como dogma...Manuel cree más bien que la lectura a menudo es un placer que cuesta, aunque solo sea porque supone aislamiento, concentración, esfuerzo, además de esclarecer o asumir incertidumbres, cosa que siendo placentera es también problemática, como cualquier actividad donde la mente y los sentidos han de estar alerta y a veces en tensión".

Los avances tecnológicos se presentan como una oportunidad para estimular la lectura y su fomento. Los responsables de las bibliotecas han de considerar que las tecnologías están incidiendo día a día sobre los comportamientos de los lectores. Por tanto, es buena estrategia que desde la biblioteca escolar se aprovechen al máximo las oportunidades de aprehender mejor el mensaje de los textos vengan estos alojados en un dispositivo de lectura electrónica, en una tableta, en un teléfono inteligente...

Para terminar, como indica el profesor Víctor Moreno, y para evitar frustración y neurosis a los responsables de la bibliotecas, hay que reconocer que "las instituciones educativas no son responsables de las personas que no quieren leer, sino de las que no saben hacerlo".