miércoles, 27 de julio de 2016

Promoción de la experiencia literaria en la biblioteca escolar


Sabemos que no es cometido de la biblioteca escolar la educación literaria. Esta es una tarea reglada impartida por profesorado especializado. Ahora bien, la biblioteca sí puede, y de hecho lo hace, contribuir al aprecio de la lectura literaria, a generar ambientes para la “experiencia literaria”. Para que la biblioteca contribuya a enriquecer la formación del lector y las vivencias y experiencias del alumnado en torno a la lectura de obras de ficción, su estrategia ha de centrarse en intervenciones y propuestas de corte más informal.  

Es evidente que cuando en la biblioteca se llevan a cabo talleres de escritura creativa, se realizan encuentros con escritores o con ilustradores, se coordinan clubes de lectura, se promueven certámenes literarios, se editan y publican las producciones literarias del alumnado, etc., se favorece la experiencia literaria, la competencia lectora y, por ende, la formación del lector de obras de literatura. Además, las situaciones y formas de lectura que se dan en acciones de fomento de la lectura y las que se propician en formación de lector literario se retroalimentan.

Si es importante que los responsables de las bibliotecas escolares tengan formación, y afición, en el campo de la literatura para niños y jóvenes, no lo es menos que manifiesten sensibilidad en pergeñar estimulantes propuestas para que el alumnado "viva" y se "apasione" con la experiencia literaria. En este sentido, nos viene de perlas considerar lo escrito por el profesor Víctor Moreno en su excelente librito titulado La formación literaria (2015). Este autor abunda en aspectos de interés que convendría sobremanera incorporarlos a la filosofía de intervención de la biblioteca escolar en relación a la planificación de actuaciones vinculadas a la “experiencia literaria”:
Ilustración: T. Súnico
  • Poseer una competencia lectora cualificada no garantiza que una persona se haga lectora de por vida, ni buena ni mala lectora, simplemente lectora.
  • Cuando la literatura se convierte en asignatura, la reducimos a un saber burocratizado.
  • La literatura está en los libros, y que la única manera posible de saber –de sapere, gustar–, literatura, es leerla y escribirla.
  • El objetivo sería conseguir que la literatura se convirtiera en una exploración personal de un texto literario o no. Sea lo uno o lo otro, será imposible conseguirlo sin el concurso emocional e intelectual del sujeto lector. 
  • La literatura es emoción, vida, pálpito, identificación, pasión y entusiasmo.
  • El conocimiento de los aspectos formales de la literatura no garantiza la sensibilidad estética, ni siquiera la competencia literaria.
  • Lo que sepa el alumno sobre historia, autores, libros, títulos, períodos, técnicas, movimientos literarios, será una pesada carga inútil si toda esta parafernalia no constituye la urdimbre para acceder a una experiencia personal.
  • La literatura está para ser leída, comprendida, interpretada, imitada y transformada. Que es el modo más eficaz de hacer real la experiencia lectora de la literatura. Una experiencia que sin el contacto directo y espontáneo con las obras no es posible.
En el presente contexto escolar se están produciendo cambios en la apreciación de la lectura literaria. Los responsables de las bibliotecas escolares han de reflexionar sobre estas transformaciones que tienen que ver con la irrupción generalizada de las tecnologías de la información y la comunicación, con diferentes hábitos de consumo cultural, con nuevas prácticas de lectura...

Es honesto reconocer la destacada labor que desarrollan las bibliotecas escolares activas de nuestro país en la promoción de experiencia literaria entre el alumnado; y lo hacen tanto a través de actividades propias como por medio de actuaciones de apoyo a programas institucionales: "Clásicos Escolares" o "Creatividad Literaria" en Andalucía, "Ler en mancomún" en Galicia, por señalar algunos ejemplos. 

Es justo reconocer que las bibliotecas aportan humanístico valor al proyecto educativo de los centros fomentado la lectura literaria y no literaria a través de múltiples actividades, reconociendo la producción literaria dirigida al público infantil y juvenil, facilitando una cuidada selección y provisión de textos para los itinerarios de lectura, colaborando con el profesor de literatura, afanándose continuamente por situar en estima la experiencia literaria y la propia literatura...

¿Para qué sirve la literatura?
Ha llegado el momento de volver a hacer el elogio de la literatura. De protegerla del desprecio, en la escuela y en el mundo. Las cosas que la literatura puede buscar y enseñar son pocas, pero insustituibles -anticipaba Italo Calvino-: la forma de mirar al prójimo y a sí mismo, de atribuir valor a cosas grandes y a cosas pequeñas, de encontrar las proporciones de la vida, el lugar que en ella ocupa el amor, así como su fuerza y su ritmo, y el lugar que corresponde a la muerte, la forma de pensar en ella o de no pensar en ellas y otras cosas necesarias y difíciles, como la duración, la piedad, la tristeza, la ironía, el humorismo.

martes, 19 de julio de 2016

Sobre innovación y biblioteca escolar

Aristóteles y Platón consideraban a la innovación como algo prohibido por maligna ya que "introducían cambios en el orden establecido, cambiando las costumbres y el orden de las cosas de forma extraordinaria". Durante el Renacimiento, "el concepto de innovación compartía el espacio de la herejía en los discursos religiosos". No es hasta finales del siglo XIX y principios del XX que el término innovación se vincula a novedades científicas o tecnológicas con la idea de introducir una cosa útil en el mundo. Esto es lo que nos dicen los científicos Elena Castro e Ignacio Fernández, en la obra El significado de innovar. Y añaden: "puede producirse innovación en muchos sectores que no dependen de la generación de nuevo conocimiento, sino de la combinación de los ya existentes y que se innova de muchas maneras, no solo con la tecnología y no solo desde la invención".

Puede parecer vana pretensión unir innovación y biblioteca escolar en un siglo obnubilado por el imperio de las tecnologías avanzadas. Pero hete aquí que no es vacua pretensión la de un servidor de ustedes sino noble propósito hacerles ver que nuestras bibliotecas escolares están en continua transformación y en disposición de generar innovación (y en situaciones de cobertura favorables, más y mejor). El profesorado y la Administración ya repara y advierte, después de errar durante años, que la introducción de las tecnologías en la escuela no es sinónimo de innovación. Menos mal.

Jaume Carbonell, en su ensayo La aventura de innovar, considera a la biblioteca escolar como uno de los aspectos relevantes del proyecto educativo de centro que favorecen especialmente la innovación. Escribe: "La biblioteca constituye una muestra representativa de la cultura pensada, sentida y vivida en diversos momentos; por ello deviene el instrumento estratégico prioritario para convertir la información en conocimiento, para promover el aprendizaje en las diversas áreas de conocimiento, para despertar en el alumnado la curiosidad cultural y la pasión por la lectura y para acompañar mejor los procesos de innovación y cambio en la escuela. No en balde, en un reciente estudio del Banco Mundial, la biblioteca ocupa el primer lugar en la lista de factores que afectan a la calidad educativa, por delante del tiempo de instrucción y las tareas en casa". De este librito destaco algunas ideas en relación al concepto "innovar":
  • Se define la innovación como una serie de intervenciones, decisiones y procesos, con cierto grado de intencionalidad y sistematización, que tratan de modificar actitudes, ideas, culturas, contenidos, modelos y prácticas pedagógicas.
  • La mera modernización de la escuela nada tiene que ver con la innovación.
  • La innovación se enriquece con el intercambio y la cooperación con otros profesores y profesoras, mediante la creación de redes presenciales.
  • La innovación, para ser potente y exitosa, no puede basarse en la desconfianza del profesorado y en su exclusión.
  • Las innovaciones que parten desde abajo, desde el propio colectivo docente, tienen más posibilidades de éxito y continuidad que las que emanan desde arriba. 
  • A veces se necesitan estímulos externos y propuestas desde la Administración para remover una institución anclada en sus inercias y para despertar a un profesorado demasiado adormecido. 
Carbonell llega a una clara conclusión: "Las innovaciones han de ser pensadas, gestionadas y realizadas autónomamente por el profesorado. ¿Cuál es entonces el papel del Estado o de cualquier otro poder público? Básicamente, tomar las medidas necesarias de política educativa y dotar a la escuela pública de los recursos suficientes para que el profesorado pueda llevar a cabo las innovaciones bajo las necesarias condiciones de calidad.

El desarrollo de las bibliotecas escolares constituye un ejemplo de innovación que ha partido desde abajo y que fundamentalmente durante la primera década de este siglo consiguió apoyos de la Administración. Sin embargo, en los últimos años se ha producido una retirada generalizada de partidas presupuestarias, programas, formación, etc. Solo alguna que otra comunidad autónoma mantiene política específica de sostenimiento de su red bibliotecaria, siendo minoría. Tras dos décadas de tímidas iniciativas de administraciones municipales, provinciales, autonómicas y estatal, sobre las bibliotecas de los centros educativos no universitarios españoles planea la alargada sombra de un proyecto continuamente postergado. Piensen que al día de hoy no se han conseguido en la mayoría de las comunidades autónomas apoyos sostenibles de la Administración a las redes de bibliotecas escolares. Un aspecto, a mi parecer, muy importante para propiciar entornos favorables a la innovación en este ámbito. A pesar de ello, encontramos muchas bibliotecas escolares en todo el territorio nacional desarrollando una encomiable labor de enriquecimiento del trabajo que se lleva a cabo en los centros educativos.

¿Cómo la biblioteca, modestamente, puede aportar innovación y valor añadido al proyecto educativo de un centro? Para mí, una biblioteca escolar que desarrolla uno o varios programas formativos en horario lectivo en un centro, está llevando a cabo innovación educativa. Una biblioteca que abre en horario no lectivo y acoge uno o varios grupos de lectura de alumnado, de padres y madres, de profesorado, aporta valor a la actividad de la escuela. Cuando el alumnado con diversidad funcional sale de sus aulas y acude a la biblioteca a participar en experiencias de fomento lector, en encuentro con otros compañeros, con escritores, ilustradores, etc., la biblioteca actúa como un entorno innovador inclusivo. Si en la biblioteca el silencio no es impuesto, sino que el silencio es elegido, creativo, buscado, deseado, y el silencio no da miedo, entonces es una silente innovación la que se produce.

Carmina Sánchez, Marcelo Lasagna y Xavier Marcet escribieron en 2014 un interesante ensayo, Innovación pública. Un modelo de aportación de valor. Veamos lo que afirman sobre la innovación en general:
  • Innovar significa llevar nuevas ideas a la práctica y supone combinar de un modo distinto el conocimiento existente, aplicándolo de un modo diferente. 
  • Innovar implica pensar y aplicar caminos propios, a veces inéditos y, en ocasiones, a contracorriente.
  • La innovación tiene que ver con las personas, porque más allá de procesos perfectamente diseñados, la capacidad innovadora de una organización dependerá de la voluntad y la motivación de los individuos que la configuran y, por ello, potenciar y canalizar el talento de los funcionarios es una tarea compleja, pero sin lugar a dudas será la clave del éxito. 
  • Es necesario trabajar potenciando los talentos individuales, en combinación con el desarrollo de una inteligencia colectiva.
  • Necesidad de un discurso en torno a la innovación en la organización que transmita su visión, su filosofía y su operatividad.
  • Para conseguir una organización innovadora más allá de funcionarios obedientes, necesitamos profesionales comprometidos, con capacidad de autodirigirse.
  • No "burocratizar" la innovación.
  • En un equipo innovador es vital el emprendedor. Su perfil debe ser el de un entusiasta convencido del proyecto que lidere. Deberá tener conocimiento experto en el área de actuación y ser capaz de capitanear un equipo.
  • No hay innovación sin riesgo, pero el mayor riesgo es no innovar.
Las bibliotecas escolares en España han construido un discurso coherente de aporte innovador y de valor al proyecto educativo de los centros, un relato propio, que ha de tenerse muy en consideración tanto por la Administración como por los colegios e institutos. La formación del profesorado, entre otras actuaciones, ha de contribuir a que el lenguaje utilizado en dicho discurso sea adoptado por los miembros de la organización escolar de tal manera que nos entendamos entre nosotros y comprendamos los conceptos de igual manera. Esta es una asignatura pendiente para la incorporación efectiva de la biblioteca escolar a las rutinas del quehacer de la escuela. A veces, se tiene la sensación que las bibliotecas escolares navegaran a contracorriente en relación a las dinámicas de los centros. Cuesta hacer valer su papel y la utilidad de su uso. Supone un titánico empeño implicar al profesorado en sus programas formativos o beneficiarse de sus servicios. 
Ilustración: Teresa R. Súnico
¿Cuándo la biblioteca escolar, humildemente, aporta innovación y valor añadido al proyecto educativo de un colegio o instituto? Cuando la biblioteca en su plan de trabajo incluye actividades inútiles está innovando con sutileza. Si la biblioteca escolar provoca la reserva de momentos para la conversación, el debate, la deliberación, el diálogo, entonces innova sobremanera entre el ruido imperante. Cuando hay una reunión de profesores, de inspectores, de padres, de asesores y desean que esta se celebre en la biblioteca escolar, es que el espacio, aparte de agradable, resulta atractivo e innovador en comparación con las otras estancias del establecimiento escolar. Cuando un grupo de bibliotecas escolares se asocian para cooperar y compartir conocimientos, experiencias y recursos, generando trabajo cooperativo en una zona, están innovando notablemente.

En mi periplo por cientos de bibliotecas escolares he visto responsables de las mismas y equipos de apoyo comprometidos y convencidos de su quehacer que han avanzado gracias a la confianza, flexibilidad y libertad que el equipo directivo les otorgó en la realización de sus innovaciones. La capacitación del responsable de la biblioteca, su actitud y liderazgo contribuye a que la biblioteca pueda ser catalizadora de innovación. El talento individual de la persona que regenta una biblioteca escolar es valioso, sin menoscabo del trabajo en equipo. Pareciera que hoy se primara el trabajo colaborativo y la inteligencia colectiva sobre el talento individual, pero ambos son esenciales para este y otros ámbitos.

Por otra parte, he de resaltar que se deposita excesiva confianza en la formación permanente del profesorado como motor de cambio y producción de innovación en los centros. A veces, caemos en el error de creer que solo formando al responsable de la biblioteca escolar (esta es prácticamente la única acción de algunos programas institucionales de apoyo a las bibliotecas escolares), ya se producen transformaciones sustanciales en la utilización del recurso y en los aportes de este al centro. Generalmente, no es así. Sabemos que con la formación no basta. La formación ha de ir indefectiblemente acompañada de la consecución de elementos nucleares (acreditación del docente responsable, horario de atención a la biblioteca garantizado, mantenimiento de equipamiento y colección, presupuesto anual...) y transversales (participación del profesorado en programas de la biblioteca, formación del profesorado, liderazgo del equipo directivo...).

¿Cómo la biblioteca aporta innovación y añade valor al proyecto educativo de un centro? Cuando desde la biblioteca se fomenta y apoya la realización de proyectos de trabajo interdisciplinares, proyectos documentales integrados o proyectos aula/biblioteca, se está propiciando innovación metodológica. La biblioteca que organiza exposiciones de producciones del alumnado complementadas con producciones externas y abre al público, creo que está aportando valor al proyecto de la escuela. Cuando la biblioteca proyecta a la red algunas de sus actuaciones y servicios e interacciona con el alumnado y los padres y madres de alumnos, lleva a cabo tarea innovadora. Cuando el responsable de una biblioteca desarrolla tareas de curación de contenidos utilizando múltiples herramientas y provee de entornos informacionales específicos a un proyecto, a una clase, a un profesor, etc., está sirviendo a una dinámica innovadora. Cuando ante el tiempo actual dominado por "las tecnologías de la interrupción", en expresión de Nicholas Carr, la biblioteca recrea y procura espacios y momentos de experiencia lectora lenta, continuada y concentrada, está contribuyendo a dotar de gran valor los tiempos de la escuela.

A las bibliotecas escolares se las ha denominado y considerado "motor de la innovación" o "corazón" de la escuela, depositando en ellas infundadas y desorbitadas expectativas de cambio. La biblioteca ayuda, colabora, crea ambientes, apoya, fomenta, incita, contribuye a generar valor añadido en una escuela que innova. Por tanto, ni motor ni corazón. En todo caso, una parte importante del aparato o del cuerpo de la institución educativa. La innovación a pequeña escala de la biblioteca ha de ir acompañada de la innovación del propio centro educativo. Solas no, por favor. Las bibliotecas escolares innovarán a mayor escala si el centro al que sirven también lo hace y permite la flexibilidad y confianza que necesitan los equipos innovadores. 


Según Steven Johnson "leer sigue siendo un vehículo sin rival para transmitir ideas y experiencias novedosas", además favorece la serendipia y la innovación. ¿Sabéis que Bill Gates se toma unas vacaciones anuales para leer?  El mismo Steven Johnson en su libro Las buenas ideas. Una historia natural de la innovación, aconseja: "Las empresas podrían considerar que esas vacaciones dedicadas a la lectura tienen un valor, igual que muchas fomentan que sus empleados dediquen algo de tiempo a la formación continua. Si Google puede darles a sus ingenieros un día a la semana para que trabajen en lo que deseen, ciertamente otras empresas podrán encontrar el modo de que su equipo tenga tiempo para dedicarlo a sumergirse en una red de ideas nuevas".

La innovación visita las bibliotecas escolares cuando estas sostienen un trabajo modesto, sencillo, riguroso y abierto a cambios reales de mejora de sus servicios y programas; cuando no se dejan llevar por cantos de sirena de mil modas vestidas de innovaciones importadas y no contrastadas; cuando el equipo directivo confía en la competencia del encargado de la biblioteca y facilita nuevas formas de abordar la enseñanza y el aprendizaje; cuando el profesorado siente satisfacción por la labor desarrollada y pone amor y empeño en la misma; cuando los responsables de las bibliotecas están convencidos del valor de su actuación no solo para mejorar rendimientos académicos sino para mejorar personas....Todo ello junto, y más, propicia, también, una actitud innovadora. Porque de eso se trata, de actitud.

miércoles, 13 de julio de 2016

Programas formativos en la biblioteca escolar. ¿Son factibles?

Junto al programa general de fomento de la lectura (o actuaciones de promoción lectora para todo el centro) ya bastante asentado en colegios e institutos, la biblioteca puede promover, desarrollar y liderar otros programas formativos, que han de incorporarse a su plan de trabajo anual

Voy a abordar en esta entrada un conjunto de programas bajo la denominación genérica de Programas de educación en el uso de la información y de recursos para el aprendizaje. Mientras que el programa general de fomento de la lectura se centraría en acometer estrategias y actividades para leer por gusto, el programa que propongo aquí contribuiría al desarrollo del ámbito de la lectura relacionado con leer para aprender, la lectura en todas las áreas y, fundamentalmente, con la competencia para aprender a aprender y la competencia digital.

Pero antes de entrar en ello, hagámonos una pregunta: ¿Es posible desarrollar desde la biblioteca escolar programas formativos específicos para el alumnado? Según mi experiencia estos programas, en el marco de la autonomía de los centros, son factibles si hay voluntad de transformación organizativa, capacidad de planificación transdisciplinar de la acción docente y liderazgo pedagógico del equipo directivo. 

Hay evidencias de que muchos aprendizajes no se abordan adecuadamente y con profundidad en el ámbito competencial en el que hoy ha de navegar la escuela. Aprendizajes que tienen que ver con autorregulación y organización del trabajo, búsqueda y tratamiento de la información, elaboración y presentación oral de producciones, etc. Las dinámicas de aula y el activismo a ultranza no dejan ver la transdisciplinariedad y transversalidad posibles para acometer muchas cuestiones curriculares. Por ello la ausencia de aprendizajes de esta naturaleza son un lastre para el alumnado y un no "saber hacer". Aprendizajes esenciales que se van quedando por el camino y que se pueden acometer desde la visión holística que proporciona un servicio como la biblioteca escolar en su función formadora y mediadora. Este es un aspecto sobre el que hemos de abundar: la capacidad de la biblioteca escolar para actuar como agente formativo y desarrollar actividad curricular. Y esto puede llevarse a efecto a través de la fórmula de articular programas desde la biblioteca.

Para llevar a cabo esta intervención se precisa transformar parcialmente los modelos organizativos basados en los cuatro unos: una clase, un profesor, un libro, una hora. Por la organización interna de los centros, este tipo de programas resulta más factible llevarlos a cabo en la etapa de educación primaria que en secundaria. En ésta se necesitan acuerdos con los distintos especialistas para utilizar tiempo de sus áreas a fin de dedicarlas a sesiones específicas del programa dentro y fuera de los espacios bibliotecarios. Si se tiene claro, y se quiere, cualquier programa formativo puede implementarse con éxito. Es cuestión de un buen diseño y planificación que busque siempre el beneficio para todas las áreas y para el alumnado.

El centro ha de acometer una labor de coordinación que permita que el profesor más cualificado y competente o el docente responsable de la biblioteca escolar o un miembro del equipo de apoyo, si lo hubiere, imparta el programa elegido a distintos grupos. Es una manera de aprovechar al máximo competencias y talentos del capital humano en pos de programas formativos transversales vinculados al currículo. Depende mucho, insisto, de un equipo directivo con liderazgo pedagógico y con actitud innovadora, que la biblioteca asuma acción pedagógica y arrostre sin ambages con una parte de la implementación curricular. Algunos programas pueden durar 3 sesiones, otros 10, otros un bimestre, etc., en función de los contenidos, objetivos y tareas pretendidos.

También los indicadores de nivel de desarrollo de la biblioteca nos iluminarán sobre la pertinencia o no de afrontar programas formativos. Para arrostrar esta tarea es conveniente que la biblioteca se encuentre en lo que he denominado "fase de desarrollo óptimo", es decir que constituya un recurso y un servicio relevante para el desarrollo del proyecto educativo y esté plenamente incorporada al proceso de enseñanza y aprendizaje. Se trata, por tanto, de una biblioteca que lidera acciones vinculadas al desarrollo curricular.

Ilustración: Teresa R. Súnico
Destaco a continuación algunos de los programas, a modo de sugerencia, que pueden llevarse a cabo en los centros, cuyos contenidos y objetivos necesariamente estarán interrelacionados.

Formación para el conocimiento de la biblioteca, de otros centros de aprendizaje y culturales y de los recursos que ofrecen


Durante mucho tiempo este programa se centraba en la clásica formación básica de usuarios de la biblioteca de centro (incorporado de las bibliotecas públicas), pero hoy esta intervención se antoja reduccionista (uso del catálogo, conocimiento de la CDU, tejuelo y orden de colocación de documentos para la localización, partes y clases de documentos, normas de uso de servicios, índices, glosarios, etc.). Es preciso trascender este modelo y abordar objetivos y contenidos que permitan no solo conocer el potencial, manejo y recursos de la propia biblioteca sino de otros entornos y centros educativos y culturales disponibles en la red y en el contexto vital del alumnado (Biblioteca Escolar Digital, Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, Biblioteca Nacional, Museo del Prado...).

Por tanto, abordaríamos la formación básica del alumnado y el profesorado en el uso y potencial que ofrece la biblioteca del centro y otras entidades e instituciones vinculadas a la educación y la cultura, de tal manera que aprendieran a familiarizarse con ellos, a conocer los recursos informativos disponibles, localizar y seleccionar recursos físicos y digitales...

El programa puede abordar actividades breves a través de pequeñas tareas que tengan como objetivo la localización de recursos informativos pertinentes y útiles para una determinada necesidad informativa. Por otra parte, y para facilitar la formación, es fundamental que el responsable de la biblioteca confeccione guías de uso de la propia biblioteca, de otras bibliotecas o sitios y de centros culturales disponibles en la red dirigidas a los diferentes ciclos.

Formación para la apropiación de tecnología y competencia digital 

Los objetivos y contenidos de aprendizaje del programa tienen que ver con el uso adecuado, seguro y responsable de medios digitales, la identidad digital, el uso de herramientas, dispositivos móviles y aplicaciones, conocimiento de las redes sociales y de comunicación, uso de internet para solventar problemas o necesidades de la vida cotidiana.

Como propuesta, parte o la totalidad de la asignatura de Cultura y Práctica Digital que actualmente forma parte de sexto curso de primaria, es susceptible de organizarse y articularse como un programa específico desde la biblioteca. Este programa se llevaría a cabo en coordinación con el responsable de tecnologías para el aprendizaje del centro. El modelo de intervención más apropiado consistiría en desarrollar talleres en la biblioteca o fuera de ella. Ha de tratarse de intervenciones muy sencillas en varias sesiones dirigidas a un nivel o bien a grupos (tercer ciclo de primaria y primer ciclo de secundaria, preferentemente) que lo soliciten.

Formación para incentivar y configurar entornos personales de aprendizaje


El PLE (Entorno Personal de Aprendizaje) es un enfoque pedagógico sobre cómo aprenden las personas con tecnología y se define, según los profesores Adell y Castañeda, como “el conjunto de herramientas, fuentes de información, conexiones y actividades que cada persona utiliza de forma asidua para aprender”.

Esto tiene que ver, bajo mi punto de vista, con la promoción del valor que tiene un posicionamiento personal autodidacta y autorregulador. La biblioteca puede liderar y ofertar dentro de sus acciones y cometidos el reconocimiento de los entornos personales de aprendizaje del alumnado, potenciando su labor como agente facilitador del PLE. Se trataría de abordar en la biblioteca escolar, de acuerdo con los tutores, una serie de sesiones básicas para reconocer y rentabilizar las fuentes, aplicaciones y posibilidades de los recursos de la red para el autoaprendizaje del alumnado.

En definitiva, este programa ha de ayudar al alumnado (fundamentalmente a los de tercer ciclo de primaria y distintos niveles de secundaria) a detectar, reconocer y ser consciente de su PLE con el objetivo de sacarle el mayor partido posible.

Formación en habilidades y estrategias para aprender a investigar e informarse 

Se trataría de abordar la formación del alumnado en el conocimiento de etapas para la investigación y procedimientos del aprendizaje autónomo, de tal manera que aprendan a organizar y planificar proyectos de investigación, comprender y reorganizar información, evaluarla y comunicar y compartir aquello aprendido. Es un programa que requerirá la lectura de textos expositivos y argumentativos y la reelaboración de la información. Se llevarían a cabo tareas específicas situadas dentro de la elaboración de un proyecto de trabajo o de investigación.

Este programa formativo ha de vincularse con la actuación de promover e incentivar en el centro el desarrollo de proyectos de trabajo proporcionando una adecuada selección de recursos librarios y digitales para su desarrollo. También, fomentando el uso de los espacios físico y virtual de la biblioteca para la consulta, investigación y muestra de las producciones a través de exposiciones, presentaciones.... En este sentido, la biblioteca, en su papel de editora, será la responsable de difundir y publicar los trabajos en la sección correspondiente de su portal.


Finalmente, podemos decir que la articulación de programas formativos desde la biblioteca vinculados a la educación en el uso de la información y de recursos para el aprendizaje, propicia en el centro que un agente garantice unos mínimos de entrenamiento en este ámbito que, indefectiblemente, requiere de planificación y visión transversal y transdisciplinar.

sábado, 9 de julio de 2016

Diecisiete retos de futuro para bibliotecas escolares activas

Si anhelamos la transformación de las bibliotecas escolares en centro de recursos para la enseñanza y el aprendizaje y en entornos relevantes para el desarrollo del proyecto educativo de los centros, la corresponsabilidad de las partes implicadas tanto en propiciar el cambio como en facilitar su incorporación real a las prácticas escolares, es esencial. Para ello, la consecución de la cuota de responsabilidad de cada administración, de cada sector, de cada agente, contribuirá a disponer en los centros de bibliotecas escolares operativas y eficientes. Veamos algunos de los retos que afrontar conjuntamente en un futuro, esperemos, cercano. A saber:

Reto 1: Cumplimiento del apartado 3 del artículo 113 de la legislación educativa vigente (LOE/LOMCE): "Las bibliotecas escolares contribuirán a fomentar la lectura y a que el alumno acceda a la información y otros recursos para el aprendizaje de las demás áreas y materias y pueda formarse en el uso crítico de los mismos". Está muy claro. ¿Realizan esta contribución la mayoría de las bibliotecas escolares españolas?
Responsables: Administraciones autonómica y estatal. Centro.

Reto 2: Equilibrio de la actividad en y desde la biblioteca. Esta no puede ser feudo exclusivo del profesorado de lengua o de los programas o planes de la lectura y su fomento. Un cuarenta por ciento de actividad dedicada a la lectura, un cuarenta por ciento de dinámicas relacionadas con programas de educación en competencia informacional y elaboración de proyectos y un veinte por ciento dedicado al apoyo a planes y proyectos del centro, se torna una propuesta interesante de actividad bibliotecaria en horario lectivo. Por otra parte, en horario extraescolar, la acción cultural y compensatoria, la participación de otros agentes, etc., propician otro tipo de actividad de la biblioteca, trascendiendo el ámbito curricular.
Responsable: Centro.

Reto 3: Incremento de la participación regular del profesorado, y, por ende, del alumnado, en los programas formativos que articula la biblioteca escolar, en la utilización de los servicios que ofrece. Incorporación de la acción de la biblioteca a las rutinas de trabajo del profesorado. Es vital que el profesorado visualice la utilidad de la biblioteca para enriquecer su labor.
Responsables: Centro.Profesorado.

Reto 4: Formación permanente del profesorado no responsable de biblioteca en ámbitos vinculados con los programas y servicios de las bibliotecas escolares: fomento de la lectura, competencias informacionales, digitales y mediáticas, conocimiento de la producción literaria e informativa dirigida al público infantil y juvenil...
Responsables: Administración autonómica a través de los centros de formación del profesorado o unidades de formación permanente.

Reto 5: Formación inicial de los docentes responsables de bibliotecas escolares. Es imprescindible extender las menciones de bibliotecario escolar (formación de maestros) a las universidades de todas las comunidades autónomas. También es preciso arbitrar los mecanismos para que el profesorado de secundaria pueda acceder a dichas menciones en su formación inicial.
Responsables: Administraciones autonómica y estatal.

Reto 6: Configuración del corpus de contenidos formativos y de los procedimientos para la capacitación de los docentes funcionarios en activo a fin de que puedan acceder a la función de responsable de la biblioteca escolar. Esta medida se torna muy necesaria para afrontar una primera fase de dotación de puestos. Se trata del reclamado, recomendado, reivindicado y justo proceso de acreditación del responsable de la biblioteca en los centros públicos de enseñanza obligatoria. Se requiere que las comunidades autónomas contemplen los requisitos de acreditación para aprovechar al máximo el capital humano con formación, experiencia y bagaje existente. Capacitación y experiencia conseguidas durante décadas de implicación del profesorado en el devenir de las bibliotecas escolares.
Responsable: Administración autonómica.

Reto 7: Asignación horaria al responsable de la biblioteca para el desarrollo de programas formativos y atención a los servicios. La dedicación horaria es vital para la gestión óptima de la biblioteca y el cumplimiento de sus cometidos. Por la experiencia desarrollada en el contexto español, se necesita contar, como mínimo, con la mitad del horario lectivo de un profesor para el docente responsable de la biblioteca (más de 10 horas). Con esta dedicación inicial, podrá garantizarse un desempeño más efectivo de sus múltiples funciones. Prolongar la precariedad en horas de las que disponen actualmente los docentes encargados de las bibliotecas de los centros es cercenar la capacidad de este recurso y abundar en su invisibilidad e irrelevancia.
Responsable: Administración autonómica. Centro.

Reto 8: Generación de estándares de mínimos relacionados con espacios, equipamientos, indicadores de evaluación de servicios y programas, perfiles de los profesionales responsables de las bibliotecas, gabinetes de apoyo, formación, etc., de referencia básica para todas las comunidades autónomas.
Responsable: Administración estatal.

Reto 9: Configuración de servicios o gabinetes de apoyo a las bibliotecas escolares con personal cualificado. Son estructuras centrales imprescindibles para garantizar la sostenibilidad de las redes de bibliotecas escolares activas y la actualización en ámbitos técnicos y pedagógicos.
Responsable: Administración autonómica.

Reto 10: Implantación de sistemas integrados de gestión online de colecciones y acceso a catálogos y recursos. Posibilidad de realizar préstamos de libros electrónicos al alumnado, estudiando la plataforma que daría este servicio y su coste, complementando el servicio que realizan las bibliotecas públicas. Presencia y visibilidad de las actividades, producciones, servicios y actuaciones de las bibliotecas de los centros en la red (ubicuidad).
Responsables: Administraciones estatal y autonómica. Centro.

Ilustración: Teresa. R. Súnico
Reto 11: Participación de las familias en actividades de la biblioteca escolar, en el uso de sus espacios y recursos. Implicación de los gobiernos locales en acciones de colaboración (con las bibliotecas públicas de la zona, por ejemplo). Pertinencia y posibilidad de apertura de las bibliotecas escolares en horario extraescolar al servicio de la comunidad y como recurso compensatorio.
Responsable: Centro. Ayuntamiento.

Reto 12: Capacidad, y conveniencia, de impulsar la creación de zonas educativas de cooperación bibliotecaria con el objetivo de aunar esfuerzos y desarrollar políticas territoriales de lectura y de información comunes, aprovechando al máximo recursos humanos, informativos y culturales. 
Responsables: Centro. Ayuntamiento.

Reto 13: Realización de campañas de visibilidad y actividades in/formativas sobre el quehacer de las bibliotecas escolares con el fin de superar los conceptos erróneos y lugares comunes relativos a sus funciones, persistentes todavía en las mentes del profesorado y de otros agentes educativos (asesores, inspectores, técnicos docentes...) y que flaco favor hacen al devenir de las bibliotecas. 
Responsables: Centro y administraciones autonómica y estatal.

Reto 14: Creación y mantenimiento de un portal estatal de referencia de bibliotecas escolares. Actualmente existe una sección en el portal leer.es del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, dedicada a bibliotecas en general, pero insuficiente para las necesidades específicas de las bibliotecas de los centros educativos.
Responsable: Administración estatal.

Reto 15: Reconocimiento del quehacer de las bibliotecas escolares y del valor añadido que proporcionan al proyecto educativo a través de difusión de prácticas exitosas, publicaciones, estudios, encuentros, exposiciones, congresos, jornadas...
Responsables: Administraciones autonómica y estatal.

Reto 16: Giro en el tratamiento que la Administración proporciona ahora a las bibliotecas escolares, ya que son consideradas programas coyunturales de las políticas educativas y no partes estables de la estructura orgánica. Estratégicamente es conveniente no vincularlas a departamentos o programas de lectura/lingüísticos, pues las bibliotecas son recursos de apoyo a todas las áreas y disciplinas, con instalaciones, servicios, etc.
Responsable: Administración autonómica.

Reto 17: Elaboración de un estudio de la situación de las bibliotecas escolares en España y convocatoria posterior de un Congreso Nacional (el último Congreso se celebró en Galicia en 2011) para abordar, tras el análisis, los retos de futuro con el fin de armar el sistema bibliotecario escolar y articularlo con equidad. Los desajustes y diferentes niveles de desarrollo entre comunidades autónomas claman al cielo.
Responsable: Administración estatal.