miércoles, 14 de septiembre de 2016

Misiva a la persona responsable de la biblioteca escolar sobre los planes de trabajo anuales

Querida responsable de la biblioteca escolar, querido:

No sé si eres experimentada o veterano o neófita o bisoño en la noble, loable y valerosa tarea de gobernar una biblioteca escolar hoy en España. Ignoro si estás ejerciendo la labor de responsable por libre elección o te has visto impelida a aceptar a instancias de tu equipo directivo. Desconozco si cuentas con formación específica o sabes poco o nada sobre bibliotecas escolares y su quehacer. Tampoco sé si eres autodidacta o accediste a una formación de calidad en este ámbito. Ni remota idea tengo sobre si atesoras experiencia en organización y funcionamiento de bibliotecas escolares o eres pobre y lego en estas lides bibliotequeras. No sé si afrontas con alegría y fuerza la gestión de la biblioteca o constituye para ti una frustante y pesada carga o ni una cosa ni la otra. Sea lo que sea, lo cierto es que empieza el curso y tienes la responsabilidad de que la biblioteca de tu centro dé lo mejor de sí y beneficie a la comunidad educativa. Considera que todo esto no va a depender solo de ti sino que vendrá determinado por el contexto y los medios que el equipo directivo, según su poder, querer y entender, pongan a disposición de un óptimo funcionamiento de la biblioteca escolar.

Has de saber que, lógicamente, te exigirán la elaboración del plan de trabajo anual de la biblioteca, documento principal de planificación. La vorágine de principios de curso, los excesivos y delirantes requerimientos administrativos, las mil y una tareas, las prisas y los plazos, tus ganas y tus desganas te generarán dificultades para elaborar el plan. Has de olvidarte de la burocracia y centrarte en hacer un documento útil, claro y realista tanto para ti y tu equipo como para el centro. Encarecidamente te pido que procures no hacerlo solo e impliques a otros docentes y a alguien del equipo directivo. Aunque me temo que al final seas tú en exclusiva el artífice, la sufridora, el editor, la autora, el inspirador, la redactora del documento de marras. Que por ti no quede. 

Procura enterarte bien del número de horas lectivas y no lectivas que te asigna el equipo directivo para desempeñar dignamente la labor de responsable de biblioteca. Hay comunidades que nadan tienen regulado al respecto, otras apelan a la autonomía de centro y otras establecen un número mínimo de horas semanales. Infórmate bien de ello. También, si puedes, configura un equipo de apoyo que te acompañe en el trabajo, con sus horas, claro. Si distribuyes bien el trabajo entre ellos según sus talentos y disponibilidades, te serán de gran ayuda. Convienen equipos de dos o cinco personas, no más. Si te dan opción de elegirlas, mejor.

Si acabas de aterrizar en la biblioteca por vez primera, contente, que el pánico no te invada. Tranquilízate. No abraces los ansiolíticos y productos varios de comercios esotéricos de tu barrio o de internet. Respira hondo. Si tienes la fortuna de que en tu territorio dispongan de fármacos humanos, documentales y normativos, te procurarán sosiego. Te propongo la lectura del post titulado "¿Qué pueden hacer los responsables de bibliotecas escolares en un contexto de precariedad?" para situarte y recibir un poco de alivio y luz. Imploro a los dioses para que no te dé por copiar un plan de trabajo de la biblioteca de otro colegio o instituto. No copies, criatura, un plan de otro centro que lo copió de otro que a su vez lo copió de uno copiado de otra comunidad autónoma porque producirás un monstruo. Te aseguro que he visto los pavorosos rostros de estos monstruos y aterran.

Ilustración: T.R.Súnico
Si no tienes formación, la cosa se complica un poquitín. Bueno, se complica bastante. Es decir, tenemos un problema. Afortunadamente, en nuestro país disponemos de excelentes documentos de referencia, portales y bibliografía que te reportarán información sobre cualquier aspecto que ataña al quehacer de la biblioteca escolar. Pero, ojo, no te pases. Hay mucha información. La cuestión es que selecciones la relevante. Si en tu comunidad hay oferta formativa, aprovéchala. Pero piensa bien si te convence la propuesta de contenidos y te merece la pena la inversión de tiempo y esfuerzo. Pregunta a docentes que hayan realizado la formación antes de solicitarla y así contrastas opiniones. Suele haber oferta de másteres, posgrados, jornadas, talleres, cursos a distancia...Y no vayas a creer que con un curso de animación a la lectura ya has cubierto el expediente. El quehacer de la biblioteca va mucho más allá. No te des un atracón de formación. A ver, ya lo decía Baltasar Gracián: "Hasta en el deseo de saber debe de haber medida para no saber las cosas mal sabidas". Por otro lado, decirte que en la liguilla de las bibliotecas escolares se aprende muchísimo entre pares, haciendo, colaborando, leyendo, observando y participando en redes profesionales específicas. Anota bien esto último porque es aprendizaje gremial necesario.

Si eres avezado o veterana, ya conoces bien las veleidades políticas a las que la escuela está sometida y no digamos los apoyos o ausencia de los mismos que cada año tu centro arbitra para sostener la biblioteca. Posiblemente en estos últimos cursos habrás notado regresión en este sentido. Tú bien sabes que no es solo causa de los recortes o de la crisis mil veces invocada. Hay múltiples razones que tienen que ver, entre otras, con la percepción de "inutilidad de la biblioteca escolar". Concentra tus esfuerzos en las actividades y servicios de interés para el alumnado. Tus años de responsable seguramente han desarrollado en ti habilidades suficientes para sortear los vaivenes en la cobertura que cada año tiene tu biblioteca (en presupuesto, en tu horario y en el de tu equipo, en participación real en la vida del centro, etc.). Ya sabes que en función del contexto trabajas en la biblioteca.

Analiza bien la biblioteca que tienes, consulta la memoria del curso anterior, lee la autoevaluación, si la hay, aplica un cuestionario básico de situación, inquiere a los compañeros, pregunta al equipo directivo... Recoge toda la información posible pues te ayudará sobremanera a conocer la biblioteca y las posibilidades que tienes de acometer el trabajo en una dirección u otra. Es decir, has de saber con lo que cuentas a fin de abordar una planificación realista. Lo primero es recoger la información de tu centro. Si te falta información, ponte en contacto con centros cercanos. Si en tu comunidad hay una red de bibliotecas escolares operativa, usa los canales de comunicación que ponen a tu disposición. No lo dudes.

El plan de trabajo anual de la biblioteca constituye el principal elemento de planificación. Consiste en actuaciones específicas, distribución de tareas y un mínimo de temporalización. En función del análisis de la situación real del recurso abordarás las actuaciones para cada curso. Como el plan de trabajo no es consecuencia de tu inspiración momentánea es evidente que ha de obedecer al proyecto educativo. Elabora un plan realista, ajustándote al contexto y a las necesidades del centro, al horario que te han asignado a ti y al equipo de apoyo, al presupuesto e infraestructura bibliotecaria disponible, etc. Para ello es preciso contar con un guion básico de los apartados que han de reflejarse en dicho plan que suele proporcionarlo la Administración. Si trabajas en uno de los más de cuatro mil centros públicos de Andalucía aquí te dejo una infografía de la Red Profesional de bibliotecas escolares de la provincia de Granada, una excelente presentación de Andrés Pulido y el documento de referencia de la Consejería de Educación con la descripción de los apartados del plan de trabajo.

Básicamente en el plan de trabajo has de reflejar lo que desde la biblioteca se va a acometer en relación a las acciones descritas en un post publicado en este blog: "Aproximación a las seis acciones principales de una biblioteca escolar": gestión técnica, selección y provisión de recursos de aprendizaje y servicios, actividades de fomento de la lectura, programas formativos (si se pueden llevar a cabo, si no, nada), apoyo a proyectos, actividades con las familias... 

No olvides tener como norte del quehacer de la biblioteca lo que nos indica la norma estatal: Las bibliotecas escolares contribuirán a fomentar la lectura y a que el alumno acceda a la información y otros recursos para el aprendizaje de las demás áreas y materias y pueda formarse en el uso crítico de los mismos. La organización de las bibliotecas escolares deberá permitir que funcionen como un espacio abierto a la comunidad educativa de los centros respectivos. (Artículo 113. Bibliotecas escolares, apartados 3 y 4 de LOE/LOMCE).

Ya sé que lo que te voy a decir ahora puede que no te convenza, pero es muy necesario. Puedes pensar que en los claustros de comienzo de curso no van a atender mucho al tema bibliotecario. Pero, chico, chica, tú has de solicitar intervenir no solo para requerir peticiones o sugerencias, sino para informar del Plan de Trabajo de la biblioteca. Te vendría muy bien elaborar un documento síntesis para presentarlo y distribuirlo a todo el profesorado.

Para finalizar esta misiva solo recordarte una cuestión de competencias. Retén en tu memoria que no eres el coordinador o la que dirige un proyecto o programa de tu centro sino responsable de un recurso estable al servicio del proyecto educativo. En el plan de trabajo de la biblioteca no has de incluir el proyecto lingüístico o plan lector o proyecto de lectura. He considerado siempre que la biblioteca solo ha de asumir los apoyos a estos proyectos y llevar a cabo las actividades de fomento de la lectura de carácter general pues está entre sus cometidos. Aunque te comunico que hay regiones donde la persona responsable de biblioteca también ha de coordinar el plan de lectura. No sé si es tu caso. Si lo es, ruego te pongas al finalizar el curso escolar en contacto conmigo y me relates cómo sobrellevaste todo este trabajo y cómo mantuviste tus constantes vitales.

Sin más, me despido de ti como Séneca, en su espistolar relación, lo hacía con Lucilio:

Consérvate bueno.
Consérvate buena, añado.

lunes, 5 de septiembre de 2016

Aproximación a las seis acciones principales de una biblioteca escolar

Son muchas las ocasiones en que el profesorado me demanda claridad y brevedad a la hora de formular las acciones o tareas que ha de llevar a cabo una biblioteca escolar. Me reclaman una exposición en "dos, tres minutos". Me retan a una respuesta contenida en "varios tuits". No resulta fácil colmar una petición de esta naturaleza, pues todo viene mediatizado por el contexto de trabajo, por los recursos disponibles, por la percepción que de la biblioteca tenga el profesorado, por el conocimiento de los cometidos y potencialidades de este recurso del centro.

Si abundamos en una relación pormenorizada de los ámbitos de actuación y de las múltiples funciones que una biblioteca escolar puede desarrollar, es posible que caigamos en frustración por lo "poco" que en el contexto escolar contemporáneo puede hacer. Es evidente que cada centro va a sacarle el partido que crea más conveniente a su biblioteca y, por tanto, esta abordará con mayor o menor intensidad una o varias acciones propias, adecuadas y beneficiosas para el proyecto educativo, que es lo que nos interesa. De esta forma cada biblioteca escolar generará su impronta en función de las necesidades y prioridades que marque el colegio o el instituto. En unas tendrá un papel relevante el fomento de la lectura, en otras la intervención con las familias, en otras la realización de talleres de programas formativos, etc., singularizándose su actuación en función del contexto. De hecho, es lo que sucede en numerosas bibliotecas escolares que se centran en aquello que pueden realizar con garantías y eficacia en función de los recursos y medios disponibles. Postura lógica y acertada.

Ilustración: T. Súnico
Pero voy a dar respuesta a la petición inicial realizando un esfuerzo de síntesis y considerando que mucho de lo que se pueda hacer en y desde la biblioteca va a depender de la organización del centro, de las prioridades dadas al papel de la biblioteca en la consecución del proyecto educativo, de la disponibilidad de recursos humanos que coordine el trabajo bibliotecario. 

La primera tarea tiene que ver con garantizar los procesos técnicos y de automatización de la colección, así como la gestión de las plataformas o sitios de los que la biblioteca dispone en la red, facilitando interacción, acceso a recursos, información, servicios, actividades...

La segunda labor de la biblioteca escolar es la de proporcionar servicios y recursos de aprendizaje y culturales al alumnado y al profesorado, desde los más tradicionales como el préstamo, hasta servicios informativos generados en un momento y con un fin determinado como los entornos informacionales específicos para un proyecto de aula, un profesor, un grupo de alumnos, un programa del centro. La selección, orientación y provisión de recursos de aprendizaje a las aulas, de textos de los itinerarios de lecturas, de secciones documentales específicas, etc., son tareas esenciales de la biblioteca como recurso del centro. 

El desarrollo de programas de actividades generales en torno al fomento de la lectura constituye la tercera acción de una biblioteca operativa. Se trata de generar ambientes y actuaciones que propicien la afición lectora y promuevan la experiencia literaria. De vital importancia es la vinculación de estas actuaciones al proyecto lingüístico o plan de lectura del centro. También el espacio y los recursos de la biblioteca han de ponerse a disposición de las iniciativas de fomento lector del profesorado y de los requerimientos de ciclos y departamentos en este ámbito.

La cuarta acción va a depender mucho del equipo directivo y la metodología utilizada en el centro, así como del bagaje y capacidad de la cada biblioteca escolar, pues supone la intervención de esta como agente formativo. Consiste en llevar a cabo programas formativos vinculados a las competencias informacional y digital (alfabetizaciones múltiples). Esta acción ha de ir de la mano del programa del profesorado coordinador de las tecnologías de la información y la comunicación del centro.

Otra de las acciones fundamentales de la biblioteca reside en apoyar a los programas y proyectos en los que está involucrado el centro. En esta quinta acción la biblioteca ha de ponerse a disposición de los coordinadores de dichos programas y facilitar apoyo en actividades, gestión de exposiciones, selección y provisión de recursos, etc.

La sexta acción ha de procurar la generación de espacios de encuentro y compensación para la comunidad. Aquí inscribimos las actividades con participación de las familias y las de apoyo al estudio. También todas aquellas cuyo objetivo sea dinamizar la vida cultural de la comunidad educativa. En esta acción se necesita la colaboración de otros agentes que permitan no solo garantizar apertura extraescolar de la biblioteca sino personal que atienda servicios y actividades planificadas.

Las tareas 1 y 2, como vemos, son de carácter más técnico pero fundamentales para garantizar la infraestructura y servicios de toda biblioteca escolar. Estas labores básicas requieren de un periodo inicial de trabajo y esfuerzo más intenso pero no pueden constituir lo único que la biblioteca haga y ofrezca a la comunidad. Son las acciones 3, 4, 5 y 6 las que van a proporcionar valor añadido al proyecto educativo y enriquecer la vida cultural del centro, las que pueden generar una dinámica innovadora y las que van a hacer de la biblioteca un entorno y un recurso vital en el colegio o instituto.

jueves, 1 de septiembre de 2016

Michèle Petit y sus acercamientos a la lectura

El mundo de las bibliotecas, la educación y la cultura tiene en Michèle Petit un referente extraordinario por la producción de conocimiento que aportan sus estudios cualitativos sobre la lectura, la relación de los libros con los niños y adolescentes, los procesos de mediación, el papel de la lectura en la construcción del ser humano como sujeto, la experiencia lectora en situaciones de exclusión social o en situaciones adversas.

La obra publicada de Michèle Petit constituye un acervo de gran interés por lo que reporta de rica lectura y aprendizaje para las personas vinculadas a la educación, la lectura, los libros y las bibliotecas. Los responsables de las bibliotecas escolares encontrarán en sus libros reflexiones, argumentos, ideas y conocimientos para nutrir de estrategias y sentido su labor mediadora en función de los contextos de trabajo.

Petit escucha a lectores de distintas latitudes en situaciones de vidas complicadas a veces. Su atenta escucha ha arrojado luz sobre la recepción de la lectura, sobre el comportamiento de los lectores y el impacto de la lectura en el ser humano. Tenemos la fortuna de que ha difundido sus investigaciones y conocimientos en libros, artículos, conferencias, encuentros, manteniéndose hoy activa en redes de comunicación social. A continuación destaco algunos de sus libros y extraigo una mínima muestra de textos susceptibles de reflexión en relación a una dimensión específica del trabajo en las bibliotecas de los centros escolares como es la promoción de la experiencia literaria y el fomento de la lectura.

En Nuevos acercamientos a los jóvenes y la lectura, donde se plantea el papel de los mediadores, Michèle Petit expresa su convencimiento de que la lectura, y en particular la lectura de libros, puede ayudar a los jóvenes a ser un poco más sujetos de su propia vida, y no solamente objetos de discursos represivos y paternalistas. Y que puede constituir una especie de atajo que lleva de una intimidad un tanto rebelde a la ciudadanía. 

Durante las entrevistas que realizaba Petit a los lectores jóvenes le llamó la atención el hecho de que jóvenes tan críticos hacia la escuela, entre frase y frase evocaban a veces a un maestro que había sabido transmitirles su pasión, su curiosidad, su deseo de leer, de descubrir. Y nos hace notar que no es la biblioteca o la escuela lo que despierta el gusto por leer, por aprender, imaginar, descubrir. Es un maestro, un bibliotecario que, llevado por su pasión y por su deseo de compartirla, la transmite en una relación individualizada. 

En relación a la evaluación Petit indica que la importancia de la lectura no puede por lo tanto evaluarse únicamente a partir de cifras, del número de libros leídos o tomados en préstamo. A veces es una sola frase, que uno apunta en un cuaderno o en la memoria, o incluso que olvida, lo que hace que el mundo se vuelva más inteligible.

Ilustración: T. R. Súnico
Michèle Petit alude a lo que el profesorado puede hacer para un acompañamiento amigable de la lectura en la escuela en Lecturas: del espacio íntimo al espacio público. Si bien la autora considera que existe probablemente una contradicción irremediable entre la dimensión clandestina, rebelde y eminentemente íntima de la lectura personal, y los ejercicios que se hacen en clase, bajo la mirada de otros, que lo esencial de la experiencia personal de la lectura no se vuelca en una ficha y que los gestos que acompañan la lectura escolar y la lectura personal no son los mismos, sin embargo corresponde a los maestros y profesores conducir a los alumnos a una mayor familiaridad, a una mayor soltura en el acercamiento a los textos escritos. Y hacerles sentir que la necesidad del relato constituye nuestra especificidad humana, y que desde los albores de los tiempos los seres humanos han narrado y escrito historias que se han transmitido de unos a otros. También hacerles gustar la diversidad de los textos, hacerles comprender que entre todos esos escritos de ayer o de hoy, de aquí o de allá, habrá algunos que seguramente sabrán decirles algo a ellos en particular. Y hacerles descubrir la voz singular de un poeta [...] 

En otra parte Michèle Petit escribe que, a su parecer, al maestro le corresponde abrir el sentido de un escrito, mostrar que si bien no es posible hacer decir cualquier cosa a un texto, existen varias lecturas posibles, varias interpretaciones, y que esa polisemia, esa reserva de sentido, representa una oportunidad. Y estar disponibles, asimismo, si los alumnos desean debatir acerca de cuestiones existenciales que plantea el contenido de las obras –como los celos, el sentido de la vida, la muerte...- y no solamente hablar de las formas literarias.

El arte de la lectura en tiempos de crisis
es una investigación que presenta la experiencia de los lectores en contextos críticos. Petit indica que los libros leídos ayudan a veces a soportar el dolor o el miedo a distancia, a transformar las penas en ideas y a recuperar la alegría. [...] Apropiarse realmente de un texto supone haber conocido antes a alguien –un allegado en medios donde los libros son algo familiar, o algún maestro, un bibliotecario, un promotor de la lectura o un amigo- que haya permitido que los cuentos, novelas, ensayos, poesías, palabras acomodadas de manera estética, desacostumbrada, entren a formar parte de su propia experiencia, y que haya sabido presentar esos objetos sin olvidarlo. [...] Alguien que le muestre al niño, al adolescente, o también al adulto, una disponibilidad, un recibimiento, una presencia de calidad y lo considere como un sujeto. Lo que dicen quienes han vivido totalmente alejados de los libros y que un día pudieron considerarlos como objetos cercanos, como compañeros, es que todo empieza con encuentros, con situaciones de intersubjetividad gratificantes que un centro cultural, social, una ONG o la biblioteca, o en ocasiones la escuela hacen posible algunas veces. Todo parte de una hospitalidad.

Indica Michèle Petit en el prólogo de Leer el mundo. Experiencias actuales de transmisión cultural que este libro es un alegato para que la literatura, oral y escrita y el arte bajo todas sus formas tengan lugar en la vida de todos los días, en particular en la de los niños y adolescentes. Escribe que compartir con niños o jóvenes experiencias culturales, darles una educación literaria y artística, no tiene como principal objetivo "formar lectores"...[...] Es forjar un arte de vivir cotidiano que escape a la obsesión de la evaluación cuantitativa, es forjar una atención. Es llegar a componer y preservar un espacio muy diferente que privilegie el juego, los intercambios poéticos, la curiosidad, el pensamiento, la exploración de sí y de lo que nos rodea. Es mantener viva una parte de libertad, de sueño, de algo inesperado.

En un apartado dedicado a lo que puede la escuela en relación a la transmisión artística y cultural, Petit aboga por la búsqueda de prácticas más integradoras y la colaboración de otros agentes con la escuela a la hora de apropiarse de las obras, generando oportunidades y ambientes para que ello sea factible. Esto tiene que ver con una forma de trabajo más transversal, revisando las evaluaciones que se hacen sobre las lecturas, venciendo las resistencias de padres y maestros ante diferentes formas de acometer la mediación de la lectura, buscando modos más amigables, imaginativos e integrados de vivir y experimentar la lectura, incitando a la colaboración e implicación de otros sectores en los proyectos de lectura (autores, biblioteca pública, padres, etc.), abriendo la biblioteca a la vida comunitaria para provocar experiencia entre lo oral y los escrito, las prácticas culturales, etc.

En otro capítulo de este interesante libro se da respuesta a la pregunta ¿Para qué leer? Empezando por considerar que más que en su utilidad escolar, profesional o social, la lectura parece fundarse en una necesidad existencial, una exigencia vital; siguiendo por...(mejor les emplazo a la lectura del original, pp. 41-74)

En definitiva, encontramos a una autora con una mirada poco frecuente sobre la experiencia de la lectura, rica en matices en relación a los relatos construidos en torno a la mediación en este campo. Si bien su aportación no está directamente relacionada con el contexto escolar, sí incursiona en él pudiendo aprender mucho de sus investigaciones. Michèle Petit considera delicada, sensible y sutil la labor del docente en su papel de mediador de lectura. Es a esta consideración de valor que podemos acercarnos los responsables de las bibliotecas de los centros educativos para, de forma hospitalaria, procurar experiencia lectora al alumnado.