domingo, 16 de octubre de 2016

Equilibrio en la actividad de la biblioteca escolar

El potencial de la biblioteca como entorno que aglutina transversalmente acción educativa y cultural conlleva que sus actividades y propuestas puedan implementarse tanto por el profesorado de áreas lingüísticas como no lingüísticas. De ahí que sea necesario, en función de los tiempos y los recursos disponibles, que la biblioteca procure un equilibrio tanto de la actividad que promueve como de la que desarrolla a demanda. 

El repertorio básico de actividades se puede integrar en distintos programas y actuaciones, constituyendo una parte esencial del plan de trabajo anual de la biblioteca. Estas actividades, susceptibles de llevarse a cabo en y desde la biblioteca con el fin de mantener el equilibrio mencionado, pueden clasificarse en cuatro bloques: 
  • Las relacionadas con los programas formativos e intervenciones específicas vinculadas a la educación en el uso de la información y de recursos de aprendizaje.
  • Las planificadas con la participación de las familias.
  • Las actividades derivadas de los requerimientos de los planes y programas del centro.
A modo de orientación, cuando a la biblioteca se le solicita intervención y actúa como agente de mediación y formación, puede dedicar al desarrollo de programas para la competencia informacional, digital y mediática esfuerzos y tiempo. Asignemos un cuarenta por ciento del tiempo disponible para este menester. Otro cuarenta por ciento se dedicaría a toda la actuación relacionada con la generación de ambientes lectores y fomento de la lectura. El veinte por ciento restante se enfocaría a los apoyos a planes y programas y a la colaboración con familias. 

Claro que lo hasta aquí planteado es solo una propuesta teórica, pues es evidente que la acción de la biblioteca ha de obedecer al proyecto del centro y a la prioridad que en el mismo se otorga a la lectura, a la competencia informacional, a la dinamización cultural y social. También es fundamental considerar la propia cultura de uso de la biblioteca que la escuela atesora y que puede resultar más o menos beneficiosa.
Ilustración: T. Súnico

En el caso de que la biblioteca no tuviere demanda de programas formativos o que, por la razón que fuere, no los articulase, dispondría en consecuencia de mayor tiempo para "actividades inútiles" que promuevan la transmisión cultural y artística e inciten al alumnado a producir, crear, imaginar...Entonces durante un ochenta por ciento del tiempo la biblioteca abordaría actividades no cuantificables a través de experiencias literarias y artísticas y pondría medios para ofrecer ambientes lectores y provocar encuentros y abriría ventanas para los conocimientos no formales y promovería situaciones para que el alumnado desarrollara proyectos y diera rienda suelta a las iniciativas personales. De esta forma se tonificaría el aparato imaginario.

Haya o no equilibrio en la actividad de la biblioteca, lo maravilloso y extraordinario es que este recurso del centro educativo pueda dedicar tiempo y energía a fortalecer el aparato imaginario al que alude J.J. Millás en un lúcido artículo en el diario El País. Escribe:
No profundizaré más en estas contradicciones, pero permítanme añadir que hubo, desde mi punto de vista, en algún momento de la historia de la enseñanza, un suceso catastrófico a partir del cual se jodió todo. Me refiero a ese instante en el que se comenzó a pensar que bastaba, para conocer el mundo, con los contenidos de la ciencia y del pensamiento racional. A partir de ese instante se nos empezó a hurtar toda aquella información sobre la realidad de la que había sido proveedora el mito, la literatura de viajes, los libros de aventuras. El mito se dirige a una parte de nuestro ser a la que no se puede acceder de otro modo. Sin el cultivo de esa parte estamos incompletos. Peor aún, estamos inválidos y a merced de quien nos quiera manipular. [...]
Como no hay ninguna esperanza de que eso vaya a suceder (al contrario, la enseñanza está cada vez más dirigida al conocimiento de lo meramente cuantificable), termino recomendando a los alumnos que lean novelas, pues ése es el modo más eficaz de fortalecer tal aparato. Cuando uno lee una buena novela, les aseguro, es más sabio que antes de haberla leído, aunque no sea capaz de explicar por qué. El problema es que vivimos en un mundo donde aquello que no se puede cuantificar no existe. Todas las campañas de promoción de la lectura caen sin excepción en la trampa de asociar la lectura a la adquisición de conocimientos prácticos. Si lees, te dicen, sabrás dónde se encuentra el Polo Norte. Y no es eso, no es eso. Si yo aprendiera hoy a dividir, podría irme a la cama asegurando que sé una cosa más. Pero si leo "Madame Bovary" habré aprendido también infinidad de cosas que no sabía antes, aunque desgraciadamente no se puedan enumerar ni cuantificar. Es más, hay un tipo de conocimiento sobre la realidad que solo se puede adquirir a través de la literatura. Si ustedes me lo permiten, les diré que todas las campañas que he conocido a favor de la lectura desde que tengo uso de razón no tenían otro objeto que ser la apariencia de una campaña a favor de la lectura.
Si la biblioteca escolar desarrolla actividad permanente por medio de la generación de ambientes y experiencias para la transmisión cultural y artística, ya contribuye sobremanera a vigorizar y robustecer al aparato de marras. ¡Albricias!